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El tormento como “deporte”: el sufrimiento silencioso del atún rojo y la insuficiencia masculina

La vuelta del atún rojo a las costas británicas, un acontecimiento esperanzador para la biodiversidad, se ha tornado, paradójicamente, en una nueva arena para la pesca deportiva de captura y suelta, una “lucha” o “juego” que solo causa sufrimiento y muerte.

La vuelta del atún rojo a las costas británicas, un acontecimiento esperanzador para la biodiversidad, se ha tornado, paradójicamente, en una nueva arena para la pesca deportiva de captura y suelta, una “lucha” o “juego” que solo causa sufrimiento y muerte.

La capacidad de la naturaleza para recuperarse, incluso después de décadas de explotación humana, es a menudo una fuente de esperanza y asombro. Sin embargo, ¿qué sucede cuando esa misma recuperación se convierte en una nueva oportunidad para el “entretenimiento” humano a costa del sufrimiento animal? Esta es la inquietante pregunta que plantea el escritor y activista George Monbiot en un artículo publicado hoy en The Guardian, “Bluefin tuna are miraculously returning to UK shores – only to be tormented for ‘sport’“. Su crítica a la “pesca deportiva” del atún rojo nos ofrece un punto de partida para reflexionar sobre nuestras propias prácticas de “diversión” basadas en el tormento de otros seres vivos.

Monbiot enfatiza que esta “pesca deportiva” es, en su mayoría, de tipo “catch and release” (captura y suelta). Esto significa que, después de una extenuante “lucha”, los atunes son devueltos al mar. Sin embargo, como el autor detalla, esto dista mucho de ser una acción benévola o sin consecuencias. El concepto es engañoso. El “deportista” va sentado en una lancha mientras un tripulante lo asiste. Cuando un atún muerde el anzuelo, el “deportista”, sujeto a un arnés o en una “silla de lucha” (fighting chair), comienza a “jugar” con el pez hasta el agotamiento extremo. Esta “lucha” unilateral puede durar 30 minutos o más, llevando al pez al límite de sus fuerzas.

Monbiot subraya que, aunque se les libere, la supervivencia del atún es incierta. Cita un estudio australiano que reporta una tasa de mortalidad del 17% después de la liberación, una cifra que los ecologistas marinos creen que es incluso mayor en condiciones reales de pesca. Los atunes rojos son peces parcialmente de sangre caliente que se sobrecalientan y sufren un daño celular irreparable debido a la pérdida de oxígeno durante la “lucha” prolongada. Necesitan sumergirse a aguas frías y profundas para recuperarse, algo que a menudo les resulta imposible si son pescados en aguas poco profundas o si su agotamiento es demasiado severo. Soltar al pez no elimina el profundo sufrimiento físico y el trauma que experimenta, y a menudo, su eventual muerte lenta y dolorosa.

La insuficiencia masculina – fingiendo virilidad frente a un animal extenuado

Monbiot profundiza en una crítica social y psicológica cuando se refiere a esta actividad como una “fiebre del oro para sacar provecho del mercado de la insuficiencia masculina”. Con esta frase, el autor sugiere que esta forma de pesca puede ser un medio para que algunos hombres busquen validar o compensar su masculinidad a través de una demostración artificial de fuerza y dominio sobre la naturaleza.

El escritor califica la actividad como “una forma verdaderamente patética de gratificación machista” y un “medio sin riesgo de enfrentarse a la naturaleza”. La ausencia de peligro real para el pescador (quien opera con equipo sofisticado y desde la seguridad de una lancha), para la “conquista” de un animal tan grande y poderoso, se convierte en una vía para afirmar la virilidad o la autoestima. Es una crítica mordaz a la idea de que la masculinidad debe ser probada mediante el control, la humillación o el sufrimiento de otros seres vivos, especialmente cuando esto se realiza en un entorno que minimiza el esfuerzo o el riesgo genuino del humano. La compensación se da en la búsqueda de una validación externa de la masculinidad, proyectada como una “victoria” sobre la naturaleza.

Además, Monbiot denuncia que estos “deportistas” y las empresas del rubro ignoran sistemáticamente el código de conducta establecido. Se observan prácticas como la pesca en aguas poco profundas (donde los atunes tienen menos posibilidades de recuperarse), el uso de anzuelos dobles prohibidos, “jugar” con los peces durante 90 minutos cuando se recomienda un mínimo, e incluso el uso de grandes garfios para sujetar al pez junto al barco, que están expresamente prohibidos. Monbiot da cuenta de numerosos hallazgos de atunes rojos muertos en las costas británicas, lo que sugiere un vínculo directo con esta pesca.

Más allá del agotamiento y el shock resultantes de la “lucha”, no podemos obviar el daño físico directo. El anzuelo desgarra tejidos internos y externos del atún durante la feroz lucha por liberarse. Y como si eso no fuera suficiente tormento, el trauma se agudiza cuando el humano, con guantes y alicates, debe retorcer y arrancar brutalmente el anzuelo incrustado, infligiendo heridas adicionales y dolor agudo en el procedimiento de “liberación” que, a menudo, es solo una sentencia de muerte diferida. Un tripulante de lancha, en un podcast, resume la situación de los peces liberados con un lapidario “están jodidos”.

Monbiot concluye que lo que se ha gestado no es un lobby para la protección del atún, sino una “fiebre del oro para sacar provecho del mercado de la insuficiencia masculina”. Critica la competencia por atrapar la mayor cantidad de peces en un día, una práctica que impide una recuperación adecuada de los animales.

En lugar de esta “pesca deportiva”, Monbiot propone una alternativa: el avistamiento de atunes. Podría ser una gran atracción turística, generando ingresos y empleo local, permitiendo a las personas maravillarse con estos gigantes marinos en su hábitat natural, saltando y cazando, un espectáculo “de los más grandes y fiables de la Tierra”. Su propuesta final es audaz: que toda la megafauna, incluido el atún rojo, sea tratada como ballenas y delfines, como animales que ya no se cazan ni se matan. Aboga por la creación de un santuario en aguas del Reino Unido para una especie maravillosa que es perseguida en otros lugares.

Las conclusiones de George Monbiot resuenan profundamente con nuestra perspectiva en Sociedad Vegana. El caso del atún rojo es un claro ejemplo de cómo la búsqueda de “diversión”, “entretenimiento” o “deporte” por parte de los humanos puede traducirse directamente en tormento, sufrimiento y muerte para otros seres sintientes.

Aquí no se trata de la necesidad de alimentarse, sino de una actividad puramente recreativa que explota la vida y el cuerpo de un animal. La paradoja es evidente: en Reino Unido celebran el regreso “milagroso” de una especie, y en lugar de ofrecerle protección incondicional, la convierten en un objeto de “deporte” y “conquista”. La noción de “jugar” con un pez hasta el agotamiento, para luego liberarlo con una alta probabilidad de muerte, es una manifestación de una profunda desconexión con la vida y la capacidad de sentir del animal.

Lo que queda claro es que la ética de cualquier “diversión” que implica el sufrimiento deliberado de otro ser vivo es inherentemente cuestionable. La diferencia entre el terror que siente un atún arrastrado y agotado, y el terror de un animal en una granja cualquiera, es una diferencia de especie, no de intensidad de sufrimiento.

La propuesta de Monbiot de una industria de avistamiento de atunes es un modelo que deberíamos adoptar universalmente: disfrutar de la naturaleza y sus habitantes a través de la observación, el respeto y la no interferencia, en lugar de la dominación y la explotación. Reconocer el valor intrínseco de cada vida y expandir nuestro círculo de compasión más allá de nuestras conveniencias o tradiciones es el camino hacia una relación más ética y sostenible con el planeta y todos sus habitantes. La naturaleza no necesita ser capturada ni sometida para ser apreciada; solo necesita ser vista, respetada y protegida. Es hora de que nuestras “diversiones” evolucionen hacia formas que celebren la vida, en lugar de atormentarla.

Por Héctor Pizarro
Sociedad Vegana